
Un viajero francés que visitó
Constantinopla
en el siglo XVI relata en su libro de viaje un hecho del que fue
testigo y que le llenó de asombro. En mitad de la populosa ciudad, en
el centro de uno de sus mejores barrios cerca de
Santa Sofía,
contempló incrédulo como unos muchachos abrían un agujero en el suelo
en donde pescaban peces que parecían provenir de las mismas entrañas de
la tierra. Los conocían como
Peces de Tierra y al parecer, resultaban ser un plato delicioso.
Naturalmente
este increíble prodigio tiene una sencilla explicación que nuestro
asombrado francés ignoraba. Bajo la ciudad de Constantinopla se
construyó en el año 532, en plena época Bizantina, unas enormes cisternas de agua que ocupan gran parte del subsuelo de la vieja ciudad.
El
motivo de realizar semejante obra fue que Constantinopla no disponía de
fuentes naturales de agua y dependían totalmente del suministro que le
proporcionaba los acueductos que traían el agua desde varios kilómetros
de distancia. Esto hacía la ciudad muy vulnerable a los asedios pues el
enemigo tan solo tenía que cortar estos viaductos para rendir la ciudad
si no querían morir de sed. Por ese motivo se construyeron varias
descomunales cisternas siendo la más grande de todas La Cisterna de Yerebatan.Continúa aquí.