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Una investigación realizada con ratas muestra que reducir moderadamente las calorías puede disminuir la inflamación y evitar numerosos cambios celulares relacionados con la edad, aunque los resultados no justifican seguir dietas restrictivas sin control médico
Comer menos podría ayudar a conservar durante más tiempo algunas características propias de las células jóvenes. Esta es la conclusión principal de una investigación dirigida por científicos del Instituto Salk de California y la Academia China de Ciencias.
El trabajo, publicado en la revista científica Cell, analizó con gran detalle cómo afecta la restricción calórica al envejecimiento de diferentes tejidos. Los resultados muestran que reducir las calorías puede modificar la respuesta inmunitaria, el metabolismo y la inflamación.
Sin embargo, existe una precisión fundamental: el experimento se realizó con ratas. Aunque sus resultados ayudan a comprender mejor el envejecimiento, no demuestran que una persona vaya a vivir más simplemente por reducir drásticamente la cantidad de alimentos que consume.
Una reducción del 30 % de las calorías
Los investigadores compararon dos grupos de ratas. Unas recibieron una alimentación normal, mientras que las demás consumieron aproximadamente un 30 % menos de calorías.
La restricción se aplicó desde los 18 hasta los 27 meses de edad de los animales. Según los autores, este periodo podría compararse aproximadamente con el comprendido entre los 50 y los 70 años en los seres humanos.
No se trataba únicamente de observar el peso o la esperanza de vida. Los científicos querían conocer qué sucedía dentro de las células y averiguar por qué una dieta menos calórica puede influir sobre el envejecimiento.
Para ello, estudiaron 168.703 células pertenecientes a 40 tipos celulares diferentes y obtenidas de 56 ratas. Las muestras procedían de tejidos como el hígado, los riñones, el cerebro, la piel, los músculos, la médula ósea, la aorta y diferentes depósitos de grasa.
Mediante técnicas de secuenciación genética unicelular midieron la actividad de los genes en cada una de estas células.
Células que conservaban características más jóvenes
El envejecimiento produce numerosos cambios en la composición y funcionamiento de los tejidos. Algunos tipos de células aumentan o disminuyen, mientras que determinados genes modifican su nivel de actividad.
Muchas de estas alteraciones aparecieron en las ratas alimentadas normalmente, pero no se observaron en igual medida entre las que consumieron menos calorías.
En conjunto, el 57 % de los cambios celulares relacionados con la edad detectados en las ratas con alimentación normal no se encontraba en los animales sometidos a restricción calórica.
Incluso durante la vejez, numerosos tejidos y células de estas ratas conservaban características más parecidas a las observadas en animales jóvenes.
Esto no significa que las ratas rejuvenecieran ni que el envejecimiento quedara detenido. La restricción calórica parecía retrasar o reducir determinadas transformaciones celulares asociadas al paso del tiempo.
Menos inflamación relacionada con la edad
Uno de los resultados más importantes afecta a la inflamación crónica.
La inflamación es una respuesta necesaria del organismo frente a infecciones, lesiones y otras amenazas. El problema aparece cuando se mantiene activa de manera continua y a baja intensidad.
Con el envejecimiento puede desarrollarse un estado de inflamación persistente asociado a un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer, deterioro cognitivo y síndrome metabólico.
En las ratas con alimentación normal aumentó considerablemente la presencia de determinadas células inmunitarias en distintos tejidos. Este cambio fue mucho menor entre los animales que consumieron menos calorías.
Los investigadores también observaron modificaciones en genes relacionados con la inmunidad, la inflamación y el metabolismo de las grasas.
La conclusión es que la restricción calórica podría actuar, al menos en estos animales, reprimiendo parte de la respuesta inflamatoria asociada al envejecimiento.
El posible papel del gen Ybx1
Los científicos estudiaron también los factores de transcripción, unas proteínas que funcionan como interruptores capaces de activar o desactivar numerosos genes.
Entre ellos destacó Ybx1, cuyos niveles se modificaron debido a la dieta en 23 tipos de células diferentes.
Los investigadores consideran que este factor podría desempeñar algún papel en el envejecimiento, aunque todavía es necesario realizar nuevos experimentos para conocer su funcionamiento exacto.
Identificar estos mecanismos puede servir para buscar tratamientos capaces de reproducir algunos efectos positivos de la restricción calórica sin obligar a las personas a mantener una dieta extremadamente limitada.
El objetivo futuro no consiste necesariamente en recomendar que todo el mundo coma mucho menos, sino en descubrir qué procesos celulares protegen los tejidos y cómo podrían activarse de una manera segura.
Comer menos no significa pasar hambre
La restricción calórica utilizada en investigación no equivale a dejar de comer ni a eliminar nutrientes esenciales.
Una alimentación puede aportar menos calorías y continuar proporcionando proteínas, vitaminas, minerales, fibra y grasas necesarias. Por el contrario, una dieta mal planificada puede producir desnutrición aunque contenga suficientes calorías.
Reducir excesivamente la alimentación puede provocar:
- Pérdida de masa muscular.
- Debilidad y cansancio.
- Carencias de vitaminas y minerales.
- Alteraciones hormonales.
- Reducción de la densidad ósea.
- Problemas inmunitarios.
- Mareos y dificultades de concentración.
- Una mala relación psicológica con la comida.
El riesgo puede ser mayor en niños, adolescentes, embarazadas, personas mayores, pacientes con enfermedades crónicas o personas que toman determinados medicamentos.
Tampoco debe confundirse la restricción calórica con el ayuno intermitente. La primera reduce la energía total consumida, mientras que el segundo modifica principalmente los horarios en los que se come. Ambas estrategias pueden coincidir, pero no son lo mismo.
¿Se puede aplicar el resultado a los seres humanos?
Los modelos animales permiten estudiar tejidos y células de una forma que sería muy difícil realizar en personas. No obstante, una rata no es un ser humano y las conclusiones no pueden trasladarse automáticamente.
En animales se ha comprobado repetidamente que la restricción calórica puede modificar el metabolismo y, en determinadas circunstancias, prolongar la vida. En humanos existen indicios de que una reducción moderada y controlada puede mejorar algunos indicadores cardiometabólicos.
Sin embargo, todavía no se ha demostrado de forma concluyente que una dieta con menos calorías prolongue la vida humana. Nuestra longevidad depende también de la genética, la actividad física, el sueño, el tabaquismo, el alcohol, las enfermedades, el entorno social y la calidad general de la alimentación.
Además, no es lo mismo reducir un exceso de calorías que restringir la dieta de una persona con un peso saludable o con riesgo de desnutrición.
La calidad de los alimentos también importa
El estudio se centró en la cantidad de energía consumida, pero en la vida cotidiana no todas las calorías tienen el mismo efecto nutricional.
Una dieta basada en verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos, pescado y proteínas de calidad proporciona fibra y nutrientes importantes. Reducir productos ultraprocesados, bebidas azucaradas y alcohol puede disminuir las calorías sin comprometer necesariamente la calidad nutricional.
Por tanto, el mensaje práctico no debería ser simplemente «coma menos», sino evitar el exceso energético, mantener un peso adecuado y elegir alimentos nutritivos.
La actividad física también resulta esencial. Una reducción de calorías acompañada de sedentarismo y pérdida muscular podría ser contraproducente, especialmente durante la vejez.
Una pista importante para investigar el envejecimiento
La principal aportación del estudio no consiste en presentar una dieta milagrosa. Su importancia reside en mostrar, célula por célula, cómo la alimentación puede modificar numerosos procesos relacionados con el envejecimiento.
Las ratas que consumieron menos calorías presentaron menos alteraciones celulares, una respuesta inflamatoria más controlada y tejidos que conservaban algunas características propias de animales jóvenes.
Estos resultados proporcionan nuevas pistas para estudiar medicamentos y tratamientos que actúen sobre la inflamación, la inmunidad y el metabolismo.
Mientras esas investigaciones avanzan, no existe una fórmula demostrada para detener el envejecimiento. Mantener una alimentación equilibrada, realizar ejercicio, dormir adecuadamente, evitar el tabaco y controlar los factores de riesgo continúa siendo una estrategia mucho más segura que iniciar por cuenta propia una dieta severamente restrictiva.
Fuentes

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Salud
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