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Este artilugio permitía mantener hasta siete libros abiertos y pasar de uno a otro haciendo girar una gran rueda de madera

Mucho antes de que los ordenadores permitieran abrir varias ventanas y consultar decenas de documentos simultáneamente, los estudiosos ya necesitaban comparar diferentes fuentes mientras trabajaban.

Una antigua máquina conservada en la Biblioteca Palafoxiana de Puebla, en México, resolvía este problema mediante un ingenioso sistema mecánico. Se conoce como rueda de libros o rueda de lectura y permitía mantener abiertos hasta siete volúmenes al mismo tiempo.

El investigador permanecía sentado frente al mueble y giraba la estructura hasta colocar ante sus ojos el libro que deseaba consultar. Era, salvando las distancias, una versión mecánica de las pestañas que utilizamos actualmente en el navegador.

Libros enormes, pesados y muy valiosos

Los libros de los siglos XVI, XVII y XVIII podían ser considerablemente más grandes y pesados que los actuales. Algunos volúmenes de consulta resultaban difíciles de transportar y necesitaban atriles especiales para mantenerlos abiertos sin dañar la encuadernación.

Para un investigador, trabajar con varias obras a la vez podía convertirse en una tarea complicada. Había que disponer de una mesa enorme, mover constantemente los libros o contar con la ayuda de otras personas.

La rueda solucionaba estos inconvenientes colocando cada volumen sobre una plataforma independiente.

Al girar el mecanismo, el libro seleccionado descendía hasta quedar situado frente al lector. Los demás permanecían abiertos en sus respectivos soportes, conservando la página que se estaba consultando.

El diseño de Agostino Ramelli

La rueda de libros más conocida fue presentada en 1588 por el ingeniero militar italiano Agostino Ramelli.

El invento apareció en su obra Le diverse et artificiose machine del Capitano Agostino Ramelli, un espectacular tratado que contenía 195 ilustraciones de máquinas destinadas a elevar agua, mover cargas, moler grano, defender ciudades y resolver diferentes problemas mecánicos.

Ramelli había trabajado al servicio de Enrique de Anjou, quien posteriormente se convirtió en el rey Enrique III de Francia. Sus conocimientos de matemáticas, hidráulica e ingeniería militar quedaron reflejados en aquel libro.

Entre todas sus propuestas incluyó una máquina destinada a facilitar el trabajo de los lectores: una gran rueda vertical con diferentes atriles distribuidos alrededor de su circunferencia.

El propio Ramelli defendía que su invento resultaría especialmente útil para estudiosos con movilidad reducida y personas aquejadas de gota, ya que podían consultar numerosos libros sin levantarse del asiento.

¿Por qué no se caían los libros?

El aspecto más ingenioso de la máquina no era solamente su forma circular, sino el sistema empleado para conservar correctamente orientados los libros.

Si los atriles estuvieran unidos directamente a la rueda, cada volumen se inclinaría y podría volcar al girar la estructura. Ramelli propuso utilizar un sistema de engranajes epicicloidales, también conocidos como engranajes planetarios.

El mecanismo hacía que cada soporte compensara el movimiento de la rueda principal. De esta forma, los libros se desplazaban alrededor del lector, pero mantenían prácticamente la misma inclinación durante todo el recorrido.

Es un principio parecido al de las cabinas de una noria: la estructura gira, pero cada habitáculo permanece orientado para que sus ocupantes no terminen cabeza abajo.

La solución de Ramelli era más compleja de lo estrictamente necesario, pero también servía para demostrar sus conocimientos matemáticos y mecánicos.

¿Llegó Ramelli a construirla?

No existe constancia de que el propio Agostino Ramelli construyera físicamente la rueda ilustrada en su tratado. Su diseño, sin embargo, inspiró a otros artesanos e ingenieros.

Durante los siglos XVII y XVIII se fabricaron distintas versiones. Algunas respetaban el complejo sistema de engranajes propuesto por Ramelli, mientras que otras utilizaban soportes colgantes que mantenían su posición por efecto de la gravedad.

Se conservan muy pocos ejemplares históricos. Uno de los más conocidos se encuentra en la Biblioteca Palafoxiana de Puebla y suele datarse en el siglo XVIII.

Esta rueda podía albergar siete libros abiertos, facilitando la consulta cruzada de textos religiosos, jurídicos, científicos o históricos.

La Biblioteca Palafoxiana

La Biblioteca Palafoxiana fue fundada en 1646 a partir de la colección donada por Juan de Palafox y Mendoza, obispo de Puebla.

Palafox entregó miles de volúmenes con una condición especialmente avanzada para aquella época: los libros debían estar disponibles para cualquier persona que quisiera estudiarlos y no únicamente para los miembros de una institución religiosa.

Por esta razón, la Palafoxiana es considerada una de las primeras bibliotecas públicas de América.

Su colección aumentó durante los siglos posteriores y actualmente conserva miles de libros y manuscritos antiguos. Sus estanterías de madera, su mobiliario y sus instrumentos de estudio convierten el recinto en un extraordinario testimonio de la historia de las bibliotecas.

Entre esas piezas destaca la rueda de libros difundida en numerosas fotografías y publicaciones de Internet.

El antepasado de las pestañas del navegador

La comparación con un navegador moderno resulta inevitable.

Cada libro abierto representaba una fuente diferente. El lector podía girar la rueda, consultar una obra, regresar a otra y establecer relaciones entre sus contenidos sin cerrar ninguna.

En un ordenador hacemos algo parecido al cambiar entre pestañas, ventanas, documentos electrónicos o resultados de búsqueda.

La diferencia es que aquella máquina necesitaba una compleja estructura de madera y engranajes para manejar apenas siete obras. Actualmente podemos mantener abiertas decenas de páginas en un dispositivo que cabe en la mano.

Sin embargo, el problema que ambas tecnologías intentan resolver es exactamente el mismo: organizar una cantidad de información mayor de la que podemos observar simultáneamente.

Una máquina para trabajar con información

La rueda de libros no era solamente un mueble extravagante. Representaba una respuesta a la expansión del conocimiento impreso que siguió a la difusión de la imprenta.

A medida que aumentaba la cantidad de obras disponibles, los investigadores necesitaban nuevas maneras de comparar textos, localizar referencias y organizar sus lecturas.

Por ello, algunos historiadores de la tecnología consideran la rueda de Ramelli un lejano antecedente de los sistemas de recuperación de información, el hipertexto y los lectores electrónicos.

Evidentemente, no almacenaba datos ni permitía realizar búsquedas automáticas. Pero introducía una idea esencial: proporcionar acceso rápido a diferentes fuentes desde un único puesto de trabajo.

Cuatro siglos después, el problema continúa

La tecnología ha cambiado radicalmente, pero nuestra forma de trabajar conserva muchos paralelismos con la de aquellos investigadores.

Ellos podían acumular siete libros abiertos en una rueda. Nosotros abrimos tantas pestañas que en ocasiones ya no recordamos dónde se encontraba la información que buscábamos.

La rueda de libros demuestra que la necesidad de consultar varias fuentes al mismo tiempo no nació con Internet. Es una consecuencia natural del estudio, la investigación y la curiosidad humana.

También recuerda que cada época desarrolla sus propias herramientas para enfrentarse a la abundancia de información.

Hace trescientos años, la solución podía ocupar una parte considerable de una biblioteca. Hoy se encuentra dentro de una pantalla, aunque seguimos girando —ahora con el ratón— entre una fuente y la siguiente.


Fuentes

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