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Beso en la mejilla, beso de tornillo, piquito, con lengua... Hay muchos tipos de besos pero... ¿y si te digo que hay uno que no se da con la boca? El beso de Singapur es una técnica que promete orgasmos más fuertes y duraderos.

Qué es el beso de Singapur

Dicho en pocas palabras se trata de emular durante el coito, a través de los músculos de nuestros genitales, la sensación que produce el sexo oral en el pene. Con el beso de Singapur lo que se busca es potenciar las contracciones de los músculos pubococcígeos femeninos, esas contracciones que aparecen durante el orgasmo femenino y que tantos fans tienen, provocando con ello una sensación similar a la de la succión durante el sexo oral.

Manual de instrucciones

No te preocupes, aunque parezca todo muy aparatoso no hay que hacer nada extremadamente complicado. Así que no te fustigues por no haber ido a stretching desde que pagaste la matrícula del gimnasio allá por 2012.

En realidad se trata de poner en práctica mecanismos similares a los que se ponen en marcha cuando trabajamos los ejercicios de Kegel, así que si eres de las que los trabaja a menudo ya tienes parte del camino hecho.

Si no has hecho Kegel nunca, los músculos de los que hablo son aquellos que contraes cuando estás haciendo pis y quieres pararlo . Son aquellos que se contraen involuntariamente cuando tienes un orgasmo.

La pauta sería empezar por practicar a solas para tener un buen tono muscular en la zona, para ello, como decía, se trata de trabajar con los ejercicios de Kegel. Una vez que lo tenemos controlado podemos pasar a practicarlo con la pareja. Lo recomendable es hacerlo en un punto en el que ambos estemos ya bastante excitados, después de haber hecho otras cositas gustosas. ¿Por qué? Porque va a favorecer que ambas zonas genitales estén ya irrigadas y por tanto en un punto de sensibilidad estupendo.

El gustito no es solo para ellos

Los que predican las bondades de esta técnica afirman que el placer «extra» no es solo para ellos, sino que nosotras también salimos ganando. ¿El motivo? Que las contracciones que implica la realización de esta técnica hacen que el orgasmo sea más potente.

Existe la versión masculina: el Pompoir

Sí, ellos también tienen músculos pubococcígeos y «técnicas» para trabajarlos que prometen más placer.

En este caso hablamos del Pompoir , que consiste exactamente en los mismo que la versión femenina: contraer y relajar estos músculos.

Si quieres practicar, se trata de realizar/entrenar con movimientos similares a los que se practican con los Kegel masculinos.

Lo realmente importante a la hora de ponerlo en práctica

Si vas a probar en pareja lo mejor es que os lo toméis como eso, una prueba, y disfrutéis del proceso, del «¿Notas algo ahora?» o del Yo aprieto pero aquí no pasa nada... Tomároslo como un estupendo momento de intimidad que puede ser incluso divertido .

El sexo es un «pack», una interacción, una experiencia, un ratito agradable. El sexo es placer, intimidad, risas... no solo llegar al orgasmo, de manera que si no «sale correctamente» no os frustréis: lo mejor de la experiencia probablemente haya sido intentarlo.

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Como todo lo relacionado con la sexualidad, lo más importante es que si vas a probar a realizarlo sea porque te apetece, porque tienes curiosidad... La clave para que sea un éxito es que no haya presión , que el querer hacerlo «correctamente» no nos impida disfrutar.

Además, si estamos más pendientes de cómo ponernos o qué toca hacer estamos poniendo el foco de atención en el proceso y no en las sensaciones, estamos saliéndonos de la escena, siendo espectadores en lugar de actores principales, y eso nos aleja del placer y del orgasmo.

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La respuesta entonces, a si verdaderamente funciona es en realidad otra pregunta: ¿qué significa que funcione? Si lo que esperas es un orgasmo que haga que tu chico pierda momentáneamente el conocimiento y que tú salgas catapultada al «Oh-limpo» quizá deba decirte que no, esto no «funciona».

Y no es que no sea erótico, no es que no implique placer... es que no hay «técnicas infalibles», no hay botones mágicos e instantáneos.

El placer supremo, el que hace que nuestro cerebro monte una verbena de verano a pesar de que sea enero proviene de nuestra actitud, de la complicidad con nuestra pareja, de las ganas de disfrutar y de que disfrute el otro...

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