Ajuca
Exactamente cuatrocientos cuarenta y cinco kilómetros.
En una de las sedes han contratado a un camionero. Hasta aquí bien. Pero resulta que ese camionero tiene que ir hasta el mismito Frankfurt para llevar un material de no se qué exposición. Bien de nuevo. La cosa sería coger el camionarro, carretera y manta.
Pero claro, que el camionero dice que él no sabe idiomas. ¿Y qué tiene que ver? Pues hombre, para preguntar por dónde se va, que tampoco sabe ir a Frankfurt. Que oiga, yo tampoco.
Entonces, los de esa sede, una pequeñita sin informático dentro (cagonlaputadoros, con la de gente que hay en el paro), llaman a la central en busca de ayuda y les pasan con el departamento psiquiátrico.
El hombre que desde pequeño soñaba con ser capitán de una balsa, tenía una teoría a simple vista alocada y todo por perder:
“…cualquier cosa que flotara y fuera arrojada al mar en la zona de Canarias, debería llegar a América…”
Dispuesto a probar su teoría decidió cruzar el océano simplemente flotando en una balsa: sin motores, sin timón, y sin nada lo mínimamente sofisticado para navegar. El desafío era dejar en claro que es posible cruzar el Atlántico con la tecnología más rudimentaria que podríamos disponer hace unos 3500 años.
Para ello construiría una balsa con troncos, apenas una choza donde resguardarse, una vela para acelerar la marcha, alimentos para cien días y agua junto a un pequeño equipo de expedicionarios. El ambiente científico tomó su teorías con escepticismo pero él estaba convencido.
Todo el follaje que vemos en la imagen parece un bosque, pero pertenece a un sólo árbol que desafiando su propia naturaleza se pasó de grande, hasta alcanzar los 500 metros de perímetro, en la playa de Pirangi do Norte, Brasil.
El caso de las rocas que se mueven solas en Racetrack Playa.
En California en la zona del Valle de la Muerte, cerca del lago seco en la parte septentrional de las Montañas. Se encuentra una zona que sorprendentemente sus rocas se mueven solas, paseándose por su superficie.



