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https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/8/83/Ajedrecista_segundo2.JPG/800px-Ajedrecista_segundo2.JPG

En 1948, Norbert Wiener publicó su libro "Cybernetics, or control and communication in the animal and the machine", convirtiéndose en una figura destacada en el campo de la cibernética. En 1951, se celebró en París el I Congreso Internacional de Cibernética en honor a Wiener. Durante la sesión inaugural, Wiener, quien planteó la posibilidad de construir una máquina que juegue al ajedrez en su libro, se encontró con un desafío inesperado: enfrentarse a un autómata ajedrecista. Resultó que este autómata, cuya existencia desconocía, había sido inventado por un español y ya se había presentado en el Congreso de Salamanca de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias en 1922.

El inventor detrás de esta maravilla tecnológica era Leonardo Torres Quevedo, un ingeniero español. Su primer logro destacado fue el Telekino, el primer mando a distancia completo de la historia, que demostró con éxito en las pruebas de teledirección del bote Vizcaya en 1906. Después de vender la patente de su dirigible autorrígido en 1909, Torres Quevedo se dedicó al desarrollo de máquinas electromecánicas. En 1910, presentó en Argentina sus primeros diseños de una máquina de calcular electromecánica, demostrando su convicción de que era posible construir un autómata capaz de realizar complicados cálculos sin la intervención de un operador humano.

Al regresar a España, Torres Quevedo se enfocó en la construcción de máquinas de demostración y en la formulación de un nuevo marco teórico-conceptual conocido como Automática, que sentaría las bases para las máquinas construidas con esta tecnología. En 1913, presentó un autómata ajedrecista como una demostración práctica de la posibilidad de construir máquinas dotadas de inteligencia artificial. Aunque la presentación inicial en el Congreso de Madrid pasó desapercibida, atrajo la atención cuando se presentó en el Laboratorio de Mecánica de la Universidad de París en 1914. Los titulares en diversos periódicos destacaron el logro de Torres Quevedo y su máquina que podía realizar el trabajo cerebral del hombre.

En 1922, Torres Quevedo completó los diseños constructivos de su segundo ajedrecista, que presentó en 1923 en Salamanca y París. Esta versión mejorada contaba con un tablero horizontal y utilizaba electroimanes para deslizar las piezas. Además, el autómata ahora también podía hablar mediante un gramófono, anunciando los movimientos y el jaque mate a los espectadores. Esta sería la última gran obra de Torres Quevedo, quien continuó patentando otras invenciones menores en los años siguientes.

Después de su fallecimiento en 1936, su hijo Gonzalo presentó el ajedrecista en varias exposiciones y encuentros internacionales, donde se reconoció la genialidad de su padre y su adelanto tecnológico. En enero de 1951, durante el I Colloque International 'Les machines à calculer et la pensé humaine' en París, Gonzalo presentó el ajedrecista, seguido de su exhibición en la Exposición 'Montres et Bijoux et Présentation International d'Automates' en Ginebra en agosto-septiembre de 1952. Estas presentaciones ayudaron a que se comprendiera la importancia de la mente brillante de Leonardo Torres Quevedo, quien se adelantó a su tiempo en aproximadamente treinta años, tanto en el campo de la computación, la cibernética y la inteligencia artificial, como en la construcción de los primeros ordenadores.

El legado de Leonardo Torres Quevedo como inventor y pionero en el campo de la automatización mecánica y la inteligencia artificial es indiscutible. Sus logros, como el Telekino y el ajedrecista, sentaron las bases para el desarrollo de tecnologías modernas. Su visión y creatividad le valieron el reconocimiento internacional y su nombre se destaca como uno de los grandes genios de la historia de la ingeniería. La máquina ajedrecista fue una prueba fehaciente de su capacidad para construir máquinas dotadas de inteligencia y anticipó el potencial de la inteligencia artificial en el mundo actual. La contribución de Torres Quevedo sigue siendo admirada y su legado perdura como inspiración para futuros avances tecnológicos.

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