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Suele argumentarse que la ciencia se equivoca, que la ciencia se corrige, que la ciencia, si es dogmática, no es ciencia. De igual forma, la ciencia se autocorrige, pero lo hace en muchos avances novedosos, caminos que se abren que resultan ser improductivos.

Sin embargo, la ciencia ya ha abierto senda y recorrido muchos kilómetros de caminos que nunca más se desandarán. La historia de la ciencia es más que ciencia, también influye en ella la política, la psicología, y otros vaivenes y caprichos que propician que la ciencia, en la práctica, no siempre sea "científica".

Igualmente, los científicos son algo más que practicantes de la ciencia: son también criaturas egoístas, mentirosas, que tienden al autoengaño, sesgados, etc.

En 1750, Leonhard Euler escribió su teorema para poliedros (publicado posteriormente en la obra "Elementa doctrinae solidorum" en 1758), el cual indica la relación entre el número de caras, aristas y vértices de un poliedro convexo.

Esto constituye un principio morfológico de la ontología tan importante como la teoría del hilemorfismo de Aristóteles (todo cuerpo se halla constituido por dos principios esenciales, que son la materia y la forma. En el mundo material, la materia no puede darse sin forma y la forma no puede darse sin materia).

El hecho de que hayamos descubierto cosas que son como son siempre así, que siempre serán así, que son así con independencia del lugar del universo desde que las contemplemos, que serán así para cualquier entidad extraterrestre lo suficientemente inteligente es, sencillamente, abrumador, maravilloso, excitante.

Hay una cura de humildad cuando descubrimos cuán profundas y oceánicas son las lagunas de ignorancia que aún nos quedan por rellenar de conocimiento. Pero también hay un empuje y una trepidación de emoción que recorre el pecho cuando descubrimos que, a pesar de todo, siendo como somos seres falibles, monos sin pelo, hemos logrado como civilización alcanzar lo más parecido a un puñado de modelos que describen lo más parecido ontológicamente a la Verdad...

La palabra "verdad" conlleva discusiones eternas entre filósofos, constructivistas, científicos y cualquiera que se atreva a deliberar sobre ella. Para algunos es una entelequia, pues todas nuestras ideas e interpretaciones se construyen de manera subjetiva a partir de fragmentos inexactos de información, y por tanto no se puede estar completamente seguro de nada.

Como es obvio, los científicos aceptan que ellos también son víctimas de la subjetividad, pero defienden que el empirismo y la ciencia bien hecha nos permiten acercarnos mucho más a la realidad objetiva que existe en el universo y que sí se pueden concluir bastantes certezas.

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