Ajuca
Redacción Internacional, 7 sep EFE).- El oro y otros metales preciosos accesibles en la corteza de nuestro planeta son el resultado del bombardeo de asteroides que se produjo más de 200 millones de años después de que se formara la Tierra, según un estudio publicado hoy en la revista Nature.
Investigadores de la universidad británica de Bristol llegaron a esta conclusión tras comparar la composición de rocas de casi 4.000 millones de años de antigüedad halladas en Groenlandia -antes de producirse el llamado bombardeo intenso tardío- con la de muestras más modernas.
Estas rocas antiguas son una oportunidad única para conocer la composición de la Tierra poco después de la formación del núcleo y antes del bombardeo de meteoritos.
Los rayos X son un engaño, la televisión no perdurará porque la gente se cansará de mirar a una caja todas las noches, la bombilla incandescente es un claro fracaso y todo lo que podía ser inventado ya fue inventado.
Estas afirmaciones categóricas han sido hechas por personas que en su momento se consideraban expertos.
El 31 de diciembre de 1885, el New York Times publicaba en su edición una de esas noticias inquietantes que no dejan indiferente a nadie que las lee.
El efecto de desenterrar un cuerpo que llevaba diez años enterrado.
Esta noche nos llegaron los detalles de un hecho remarcable ocurrido en Yorkville. En 1875, James A. Watson cuya familia reside en Yorkville, vio morir a su hijo de cuatro años. En aquel momento Watson vivía en Baltimor y trabajaba como profesor en el Bryant Sadler Commercial College, y no tuvo la oportunidad de dejar el trabajo para asistir al funeral de su propio hijo. A causa de esta ausencia, tan sólo se llevó a cabo un entierro temporal, en espera su vuelta a casa para llevar a cabo el enterramiento permanente en el cementerio.
Ayer Watson llegó al cementerio para sacar a su hijo. El ataúd, un cofre metálico, fue sacado de la tumba, y el deseo natural de ver la cara de su hijo muerto y enterrado en su ausencia, llevó a Watson a pedir que se quitara el cristal que le cubría la cara. Justo cuando el enterrador estaba a punto de quitar la tapa, una gran explosión tuvo lugar, rompiendo el cristal de cuarto de pulgada en pedazos, muchos de los cuales cortaron gravemente la cara del señor Watson.
El ataúd había estado fuera de la tierra durante varios minutos cuando la explosión tuvo lugar. El informe apunta que la explosión se asemejó a un cartucho de dinamita, y que fue percibido por varias personas en la calle principal, a más de 400 metros de distancia. La cara del chico estaba en un excelente estado de preservación, así como su mortaja y las flores que tenía posadas en el pecho.
Diez años después, uno de los mayores misterios sobre el 11-S han quedado resueltos: quién manipuló la imagen del tipo en la azotea de la Torre Sur del WTC, tomada supuestamente segundos antes de que el primer avión impactara contra el edificio. El hombre de la fotografía se llama Peter Guzli, es húngaro y es autor del montaje más popular sobre los atentados de Nueva York. Guzli, que tiene hoy 35 años, pide perdón a las víctimas por una broma que “se le fue de las manos”.





