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Redacción Internacional, 7 sep (EFE).- El oro y otros metales preciosos accesibles en la corteza de nuestro planeta son el resultado del bombardeo de asteroides que se produjo más de 200 millones de años después de que se formara la Tierra, según un estudio publicado hoy en la revista Nature.

Investigadores de la universidad británica de Bristol llegaron a esta conclusión tras comparar la composición de rocas de casi 4.000 millones de años de antigüedad halladas en Groenlandia -antes de producirse el llamado bombardeo intenso tardío- con la de muestras más modernas.

Estas rocas antiguas son una oportunidad única para conocer la composición de la Tierra poco después de la formación del núcleo y antes del bombardeo de meteoritos.

Durante la formación de la Tierra, los metales que tienen una afinidad con el hierro, como el oro, emigrarían hacia el núcleo de hierro fundido del planeta, por lo que no debieran estar en el manto.

De hecho, hay suficientes metales preciosos en el núcleo como para cubrir la superficie entera de la Tierra con una capa de cuatro metros de espesor, señala el estudio.

El profesor Matthias Willbold y sus colegas midieron los isótopos de tungsteno de las rocas y comprobaron que la composición del manto terrestre cambió después del bombardeo de meteoros hace unos 3.900 millones de años, unos 650 millones de años después de la formación del Sistema Solar.

"La mayoría de los metales preciosos sobre los que se basan muestras economías y muchos procesos industriales clave se añadieron a nuestro planeta por una feliz coincidencia cuando la Tierra fue alcanzada por miles de millones de toneladas de asteroides", señaló Willbold.

Los resultados de las mediciones apoyan la teoría de que la lluvia de meteoros, que también es responsable de muchos de los cráteres de la Luna, aportó esta capa de materiales preciosos después de la formación del núcleo, lo que explicaría la sorprendente abundancia de estos metales cerca de la superficie de la Tierra.

El tungsteno es un elemento muy raro (un gramo de roca contiene una diez-millonésima parte de un gramo de tungsteno) y, como el oro y otros metales preciosos, debería haberse integrado en el núcleo cuando éste se formó.

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