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De todos los problemas a los que se enfrentan la biología y la medicina, el de curar el cáncer es uno de los más importantes. Así que la publicación de un artículo reciente ha supuesto una muy mala noticia, ya que explica cómo nuestro propio cuerpo ayuda a los tumores en ciertas ocasiones.

Además de la importancia que tiene el estudio, por tratar sobre el cáncer, los resultados tienen una gran importancia porque obligan a repensar cuestiones importantes en la base de la Biología.

Exactamente, ¿qué es lo que se ha descubierto? Por primera vez se ha podido comprobar que en células animales se da un proceso muy habitual en bacterias. Entre ellas es común que “se pasen” genes, un mecanismo al que se conoce como transferencia genética horizontal. Lo malo es que en el experimento se ha visto cómo una célula sana le transmitía genes a una tumoral, y la “arreglaba”.

Pero la arreglaba para que siguiese siendo tumoral, y siguiese infectando y dañando al organismo. Los genes que han pasado de las células sanas a las dañinas pertenecen a las mitocondrias, los orgánulos que se encargan de obtener la energía para la célula.

Estas mitocondrias eran, en su origen, bacterias que pasaron a vivir dentro de las células de nuestros primeros ancestros. De hecho, las bacterias actuales no tienen mitocondrias, y sí los eucariotas, a los que pertenecemos animales y plantas.

Como eran bacterias antes de que las “adoptásemos”, tenían su propio genoma. Y aún lo mantienen. Pequeño y reducido – de hecho, no es suficiente para que puedan tener vida libre – pero ahí sigue.

En los tejidos sometidos a mucho estrés, como el músculo, el corazón o los tumores, las mitocondrias sufren mucho. Tanto, que su ADN se degrada y acumula un gran número de mutaciones. De hecho, los investigadores estudiaban si este tipo de estrés podía ser un elemento para luchar contra el cáncer.

Generalmente estas mutaciones suponen la muerte de la mitocondria, lo que lleva a la muerte de la célula. Pero según describen en su artículo, esto no ocurre porque las células de su alrededor las ayudan, y “mandan” los genes necesarios. Analizando la secuencia, los genes que aparecen en las mitocondrias del tumor son las de las células sanas y no los originales.

Y aunque sea una mala noticia, tiene una parte positiva y otra muy interesante. La interesante es demostrar que existe transferencia horizontal entre células animales, y afianzar la teoría de que las mitocondrias fueron bacterias.

La positiva es que se ha descubierto un método para curar muchas enfermedades. Defectos en las mitocondrias están en la base de muchas enfermedades, y sabiendo que se pueden “intercambiar” genes, sólo hará falta encontrar el mecanismo para introducir copias correctas de los genes defectuosos, y que sean las propias células las que vayan “reparando” a sus vecinas.

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