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1.- La Lanza.

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El primer gran invento de la humanidad, junto con la rueda y el fuego... Era portátil y nos permitió cazar con ayuda de un elemento auxiliar, pues hasta ese momento sólo utilizábamos nuestra fuerza corporal o el arrojamiento de piedras. Primero fue un instrumento algo tosco, mayormente era un palo tallado en su punta y endurido al fuego, después evoluciona y se le incorpora una piedra tallada, mejorando su efectividad, después seguría mejorando... Este ingenio es crucial en la evolución del ser humano ya que, además de cazar, nos permitió empezar a defendernos de los depredadores.

Ya podíamos abatir, entre otros, mamuts, renos, bisontes… Con ella se provocaban importantes cortes a las presas, que huían heridas hasta desfallecer. Comenzamos a obtener gran cantidad de carne para alimentarnos, pieles para protegernos del frío y huesos y astas para fabricar instrumentos. Alcance efectivo: 10-15 metros.

2.- El Arco. (20.000 años reinando, hasta la actualidad)

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Fue la primera de las grandes armas de caza de elaboración compleja, compuesta por un proyectil –en este caso la flecha, compuesta por el vástago, punta y plumas– y una herramienta de impulso –el arco–. Existen pinturas rupestres donde el hombre primitivo plasma dibujos en los que se ve cazando con el arco.

Más tarde, en nuestra era, empezó a ser utilizado por los primeros pobladores de Extremo Oriente. el arco era de gran longitud –casi la altura de un hombre– y comenzamos a incorporar puntas de bronce en las flechas. Para poder obtener cuerdas resistentes se usaban intestinos de ovejas y animales similares que, una vez tensados y secados, eran incorporados.

En el año 1800 aC. Los Asirios crean un nuevo diseño, recurvándolo e introducen el cuero, la madera y el marfil. La combinación de nuevos materiales permitió crear arcos cada vez más rápidos y más precisos y letales. Gracias a las constantes mejoras incorporadas y a su sencillez fue el arma de caza por excelencia… hasta la invención de la ballesta y el descubrimiento de las armas de fuego. Un arquero bien entrenado podría disparar hasta 3 flechas por minuto

El arco ha ido modernizándose hasta nuestros días, estando actualmente muy de moda entre los cazadores, por dar más posibilidades a las presas. Valorando el lance sobre la caza. Alcance efectivo, 30 metros. (aunque pudiera llegar a los 90 metros, pero no es efectivo)

3.- La Ballesta

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La precisión entra en escena. Los primeros rastros de este extraño arco datan del año 341 aC, cuando se emplea por primera vez en China, en la batalla de Ma-Ling. A pesar de ello su uso no se populariza hasta el siglo X, cuando empieza a emplearse en la guerra de asedio en el norte de Francia y su fabricación se extiende por toda Europa, convirtiéndose en el arma de caza del momento. Estas armas del medievo, todavía algo toscas, eran complejas de cargar dado que el procedimiento consistía en apoyar el arco sobre el suelo, sujetándolo con los pies, a la vez que se tensaba la cuerda y se colocaba en una muesca de la que iba provista.

Para poder llevar a cabo el disparo había que desplazar una especie de palanca (gatillo) que liberaba la cuerda propulsora y empujaba a la flecha. A pesar de ello no tardaron mucho en desarrollar un sistema mecánico que permitía tensar la cuerda, basándose en el principio del torno. Gracias a la ballesta se consiguió duplicar la potencia del arco reduciendo el esfuerzo. También se pudieron conseguir con ella alcanzar distancias de hasta 150 metros.

¿Cómo lo consiguieron? ideando un sistema llamado ‘de estribo’, ‘pata de cabra’, ‘cranequín’ o ‘cric’. El arco del que iba provista la ballesta también fue perfeccionado, se construyó con maderas más consistentes e, incluso, fue laminado con materiales de distintas calidades para conseguir elasticidad y firmeza. Finalmente se incluyó el metal–hierro y acero– en su construcción. Se puede disparar de pie, tumbado o a caballo, y siempre está lista para el lance. La repetición del disparo es lenta, ya que el intervalo de tiempo que se necesitaba para poder cargarla es significativo. La precisión empezó a ser una cualidad del arma y no un elemento exclusivo del cazador, como hasta entonces sucedía con el arco y la lanza a la hora de disparar con ella. Por primera vez utilizamos un arma con culata que debemos encarar.

4.- El Arcabuz.

El cazador se vuelve selectivo. Este tipo de caza es más metódica, ya que se puede calcular y ejecutar el disparo en el preciso momento que se desea llevarlo a cabo. Arcabuz. Empezamos a cazar con armas de fuego.

En el año 1308 se fabrican los primeros cañones. Alrededor de 1460 se da forma a las primeras espingardas –prototipo de escopeta de cañón muy largo– y 40 años más tarde nace el famoso arcabuz español, el arma que revolucionará la forma de cazar. El libro de la Montería del Rey Alfonso XI nos cuenta que el día 1 de marzo de 1482 se hizo por primera vez uso de un arma de fuego de disparo con el sistema de llave. Pero si hablamos de caza debemos avanzar hasta el siglo XVI, que es cuando verdaderamente aparecen las primeras armas de fuego portátiles empleadas para la actividad cinegética.

Ese desarrollo y popularización del arcabuz dan vida a una nueva etapa dentro del desarrollo del mundo de la caza que, prácticamente, llega hasta nuestros días. Se trata de un arma tosca y de diseño rectilíneo de aproximadamente un metro de longitud. En su parte superior iba provista de una especie de bocado o apertura que permitía cebar el cañón. Disponía de una cantonera para proteger la terminación y de un mecanismo o grupo de disparo llamado llave, así como su cañón y los aparejos o complementos que formaban parte del mismo.

Más tarde fue sustituida por la de mecha, pasando después a la de pistón y finalizando su evolución con el sistema de fuego central. Incómodo por ser muy compleja su carga, lo que lo hacía poco práctico dado que el proceso de disparo era lento y a su vez bastante peligroso. Tipo de arcabuz japonés de mecha introducido en Europa por los portugueses en 1543. Prototipo de cañón portátil al que se añadieron dos muñones.

Estaba provisto de un elemento auxiliar que consistía en una horquilla con un pié unida a un trípode móvil con el propósito de poder buscar el ángulo deseado a la hora de efectuar el disparo con el mismo. Su longitud oscilaba entre los 130 y los 171 centímetros. Este tipo de mecanismo se incorpora al comienzo del siglo XVI, y de él nace el término ‘llave’. Consistía en una especie de rodaja de acero movida por un resorte que giraba sobre un trozo de pirita y hacía que, por fricción, se encendiera la pólvora.

En la caza de animales peligrosos –como osos, lobos o jabalíes– el efecto de parada era mayor que el de las armas propulsoras de flechas. Si llovía podía fallar al mojarse la pólvora o apagarse la mecha. Cualquier especie de caza mayor.

Al tener que llevar la mecha siempre encendida, los animales avistaban al cazador, sobre todo a horas de poca luz. La humedad impedía una buena ignición de la pólvora y no se podía utilizar cuando llovía. Su peso era considerable, por lo que en la mayoría de los casos el cazador debía estar apostado esperando a los animales.

5.- El Mosquete

En sus inicios, su cañón medía hasta metro y medio hace que se necesite una horquilla para apuntar bien.

Más tarde evoluciona a modelos más ligeros que se imponen definitivamente en el siglo XVIII. Usa balas el doble de pesadas que el arcabuz, por lo que su poder de parada es muy superior, y puede disparar hasta a 100 metros. En la década de 1560 el mosquete aligerado y apoyado en una horquilla de madera –para poder apuntar bien– hace su salida de las fortalezas como arma portátil. Esencialmente es idéntico a su hermano pequeño el arcabuz,pero más grande, de mayor calibre, longitud y peso.

El cañón solía medir en torno al metro y medio y su peso entre cinco y seis kilogramos. La caja –fuste y mocho– se hacía de madera de cerezo, y las llaves fueron de mecha en la mayor parte de su historia, hasta que en el último cuarto del siglo XVII comenzaron a sustituirse por las llaves de pedernal. Este aligeramiento del arma permitió alargar el cañón para así mejorar algo su precisión. Todas las especies de caza mayor, especialmente ciervos. Se sofistica algo más la munición y la precisión gracias al acabado de los cañones. Por primera vez empezamos a cazar a más de 50 metros. El peso y, en los primeros modelos, la falta de perfección en los sistemas de disparo.

Al igual que el arcabuz, se solía utilizar en esperas, aunque gracias al aumento de su alcance y potencia su uso se extendió a los recechos. Fusil de repetición. El fusil es el eslabón que engarza las primigenias armas de fuego con las modernas creaciones que hoy utilizamos. Es el arma más utilizada por los ejércitos desde finales del siglo XVII.

Se trata de una evolución del mosquete que en su rápida metamorfosis menguó la longitud de sus cañones, pasando a denominarse carabina, mosquetón y tercerola. En sus inicios era lento a la hora de cargarse, pesado y problemático en situaciones climatológicas adversas debido a su sistema de llave de pedernal.

6. Fusil de repetición. Adiós avancarga, bienvenido cartucho. 

La verdadera revolución del fusil llega sobre el año 1830, cuando se empieza a fabricar con un mecanismo de llave de percusión –que permite que el disparo sea más seguro que con el pedernal– y se empieza a usar cañones de ánima rayada. También empiezan a dotarle de forma cilindrocónica para favorecer la rotación del proyectil gracias a las estrías de los cañones.

Forsyth para fabricar los primeros pistones, que explotan al ser golpeados por el percutor aprovechando las propiedades explosivas de los fulminantes de mercurio. La innovación no se detiene y ya en 1840 se empiezan a fabricar los fusiles con cartuchos, de cartón o tela encerada, que en muchos casos venían provistos del cebo. Durante la Guerra de Secesión en Estados Unidos aparece un fusil denominado Spencer que permitía la rápida recarga de los cartuchos –ya metálicos e impermeables– en una posición cómoda y protegido de la vista del enemigo en el caso de los soldados. Diseñado por Christopher Spencer en 1860, tenía un cargador tubular extraíble con capacidad para siete cartuchos y un sistema de retrocarga con acción de palanca.

Esto supuso la entrada en la época moderna de la caza, con armas que permitían disparar lejos, con gran potencia y precisión y, además, repitiendo los tiros con gran rapidez, algo inédito hasta la fecha. El primero almacenaba en su cargador tubular 16 cartuchos que se cargaban rápidamente gracias al sistema de palanca, permitiendo doblar los disparos sobre las piezas tantas veces como fuese necesario.

Su cargador y el sistema de repetición permiten alimentar el arma con rapidez y disparar bajo cualquier condición climática. Especies de caza mayor y predadores. El fin de la lenta recarga y la baja cadencia de fuego. El sistema de percusión anular no le permitía disparar proyectiles tan potentes como los que posteriormente se idearon para el sistema de fuego central.

7. Escopeta semiautomática: Browning A5. El invento del siglo.

La distancia ya no era un problema gracias a su precisión y alcance. El invento del siglo. Desde hace más de 150 años no entendemos la caza menor sin escopeta, pero el camino que hubo de recorrer este arma hasta coronarse como la elegida de todos los cazadores no fue nada sencillo.

Según algunos expertos, el Gran Capitán Gonzalo de Córdoba introdujo el concepto de escopeta hacia fines del siglo XV, la cual habría sido empleada en las guerras en Italia y también en Orán, en 1509, por los llamados ‘escopeteros’ del Cardenal Cisneros.

Esto dificultaba el uso de la escopeta, que a menudo se utilizaba para abatir pequeños animales que se movían constantemente dificultando el acierto. Hasta el final del siglo XVIII la mayoría de las armas de caza poseían un único cañón, pero las mejoras de los sistemas de ignición y la reducción de su longitud y peso hicieron posible la fabricación de armas de dos cañones, uno al lado del otro, que por primera vez nos permitió hacer efectiva la caza de aves en vuelo. Pero los días de la escopeta de avancarga estaban contados. En 1812, el armero suizo Samuel Joannes Pauly patentó el primer cartucho de retrocarga, que fue empleado en una escopeta con cañones fijos que se cargaba al levantar un cerrojo situado en la parte superior.

En 1834, siguiendo este principio, el francés Casimir Lefaucheux decidió patentar un arma de retrocarga en la cual el cañón basculaba hacia abajo para dejar al descubierto la recámara. La popularidad de este sistema empezó a decaer en 1860, cuando por fin se introdujeron los primeros cartuchos de fuego anular y central, que eran mucho más fiables y rápidos de recargar al no tener que orientar la varilla del cartucho hacia el martillo del arma. Los sistemas de percusión también avanzaron y el americano Daniel Myron LeFever patenta la primera escopeta hammerless –con los martillos interiores– en 1878, momento en el que la escopeta yuxtapuesta alcanza el desarrollo definitivo que hoy conocemos, pues no cambiará en todo el siglo XX. En 1900 John Browning patenta la Automatic 5, la primera escopeta de recarga automática exitosa del mundo y la que inspiró el desarrollo de todas las ‘repetidoras’ que hoy usamos y que aún se mantiene en producción.

Nos permitió disparar hasta cinco cartuchos sin interrupción, disminuyendo el retroceso y mejorando la precisión de este tipo de armas notablemente. Reduce el retroceso gracias a su sistema de autorrecarga. Principalmente caza menor, aunque también se emplea para la mayor con cartuchos de bala. Que las escopetas se alimentaran con cinco cartuchos por primera vez y, además, de manera automática.

Fuente: Jara y Sedal.

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