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@GonzaloToca.El precio chino es uno de los mejores candidatos a convertirse en la fiebre del oro del SXXI. Los delincuentes, la absoluta minoría en uno de los países donde más duro se trabaja en todo el mundo, lo saben y por eso se ponen en contacto con los ejecutivos españoles para ofrecerse como proveedores de confianza.  El primer tipo de estafa posee una coartada ideal.

En cuanto muerdan el anzuelo, sus nuevos socios les pedirán el adelanto de un pago equivalente al 1% de la operación como garantía o para financiar los gastos del notario. Posteriormente, les invitarán a China para la firma y entonces descubrirán que son ellos los que pagan sus gastos y los del resto (miles de euros en viajes, regalos y comidas) y con el paso de los meses llegarán a la conclusión de que además de perder tiempo y recursos han patrocinado los caprichos de quienes les han estafado.

También puede ocurrir que no busquen exactamente dinero sino simplemente que les inviten oficialmente a España para penetrar legalmente en Europa y esfumarse después. Esto último puede hacer que las autoridades europeas desconfíen del siguiente proveedor de la empresa española y le nieguen el visado.

El segundo tipo de estafa resulta más habitual en España. Los delincuentes crean un sitio Web desde el que venden cámaras y ordenadores portátiles –o cualquier artículo de electrónica de consumo- a precios hiperrebajados y donde no se aceptan formas de pago como PayPal. Una vez hayan conseguido el dinero de cientos de incautos y en pocas semanas, la plataforma informática y la cuenta bancaria que recibía los abonos desaparecerán. Es verdad que los estafadores chinos han conseguido innovar un poco: algunos compradores terminan pagando más cuando se quejan de no haber recibido lo comprado y la empresa les dice que está retenido en la aduana y que necesitan otra ración de euros y dólares para que atraviese los controles.

Nos encontramos ante la tercera clase de estafa cuando la mercancía llega al puerto español y el comprador se sorprende al descubrir que la cantidad o la calidad de los productos son insuficientes de acuerdo con lo que se había pactado. En estas circunstancias, el proveedor aprovecha que su cliente no ha contratado los servicios de una consultora para averiguar el estado del pedido antes de abandonar el país, que las devoluciones de toneladas de bienes son más complejas y que el sistema jurídico chino es lento y tiende a favorecer a los nacionales en los litigios con corporaciones extranjeras porque muchos de sus magistrados no tienen formación legal y provienen del ejército.  

Los desafíos de Internet 

El cuarto tipo surge cuando los estafadores logran introducirse en la cadena de correos comerciales entre comprador y proveedor e interceptan uno donde figuran la factura y las instrucciones para realizar los pagos. El siguiente paso, navegando cómodamente en el sistema del proveedor con la ayuda de hackers o de antiguos empleados, es enviar una comunicación al cliente español donde se sustituye discretamente el número de cuenta que aparecía en la factura. Naturalmente, el comprador paga y al no recibir nada protesta al proveedor, que se niega a mover un solo contenedor hasta que le llegue la transferencia.   

Quinta estafa. Suena el teléfono y una persona informa al directivo español de que el nombre de su empresa (Bodegas García) va a ser utilizado por otra compañía en su sitio Web (se llamará Bodegasgarcia.cn). Como el dominio se encuentra en China, los delincuentes saben que esa operación sólo puede realizarse desde el gigante asiático y que ninguna empresa española desea que alguien manipule su marca en un mercado donde como mínimo no descarta implantarse. Al otro lado del teléfono, el informador aclara que él tiene la solución porque, oh sorpresa, ellos se encargan de registrar esa clase sitios Web y pueden impedir que sus rivales se les adelanten en esta ocasión.

Los estafadores se pueden encontrar con muchas más dificultades si la empresa española posee un representante en el país y si verifica con la ayuda de las Oficinas Comerciales del ICEX los datos de la compañía y su propia existencia más allá de la pantalla del ordenador. Pagar en la medida de lo posible mediante crédito documentario (PayPal cuando se trata de Internet) y contratar a una consultora que compruebe la mercancía antes de que abandone el puerto es fundamental si queremos evitar reclamaciones casi imposibles.

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