Ajuca
El
obsoleto acorazado Schleswig-Holstein fue uno de los pocos buques de
guerra que se le permitió conservar a Alemania tras su derrota en la
Primera Guerra Mundial. Sin embargo tras el Tratado de Versalles 1919)
sus funciones cambiaron de la noche a la mañana y tras ser reformado se
convirtió en un buque-escuela de cadetes marinos.En Agosto de 1939 el Schleswig-Holstein entró de nuevo en servicio para que sirviera como fuego de cobertura ante una “hipotética” invasión alemana de Polonia.
Anatasa de el Puerto de los Castaños en Cañaveral, Cáceres
Anatasa y Cuarzo. Puerto de los Castaños, Cáceres Cristal mayor 3mm.)
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Es una de las cinco formas minerales del óxido de titanio IV) o dióxido de titanio TiO2). El término anatasa procede del griego anatasis "extensión"), en alusión a la longitud de las caras piramidales, más largas en relación a sus bases que las de otros minerales tetragonales.
Características
La anatasa puede tener colores muy variados, que van desde el marrón amarillento hasta el añil y negro. Su raya es clara, de color blanco o blanco-amarillento. Como principales impurezas puede contener hierro, estaño, vanadio y niobio. Es insoluble en ácidos, por lo que se puede limpiar con ácidos diluidos. Es infusible y cuando se calienta por encima de 915 °C, la anatasa se transforma en rutilo —otra forma mineral de TiO2—, lo que conlleva un aumento de su densidad hasta 4,1 g/cm3.
Era el primero de noviembre de 1755 un día de sol claro y despejado, un día meridional y propio de la transparencia de nuestro cielo, cuando de repente, como a eso de las diez de la mañana, se sintió un ruido subterráneo en toda la Península Ibérica, pero principalmente en Lisboa. La tierra tiembla; los edificios bambolean, crujen y caen estrepitosamente; el mar embravecido, formando altísimas montañas de olas, invade la tierra hasta dos leguas, y al recogerse, arrastra consigo y sumerge en el seno de los mares cuanto encuentra. En lo que había dejado el mar en seco aparecen centenares de fuegos y un huracán impetuosísimo lo comunica a las naves: de éstas pasa a los edificios; y el terremoto, el mar, el aire y el fuego destruyen casi por completo la hermosa ciudad de Lisboa, sepultando también entre sus ruinas la mayor parte de sus habitantes.
Extracto de una crónica publicada en Revista de España, Tomo VIII, Madrid, 1869.
Continúa...
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