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A la mujer sufrió la trepanaron en vida y después la decapitaron. Su cráneo apareció junto al de un hombre unos 25 años mayor que ella y, posiblemente, de mayor rango social. Junto a ellos, fueron sacrificados ovejas o cabras lechales y se colocaron vasijas cerámicas de una ornamentación extraordinaria.

Sucedió entre el 4800 y el 4500 años antes de Cristo en la cueva de la Dehesilla, en la sierra de Cádiz, un entorno y un periodo donde las inhumaciones más habituales eran individuales o múltiples, al aire libre o en las oquedades más simples.

La conjunción de elementos rituales, incluidas herramientas de piedra, restos vegetales y unas piedras dispuestas a modo de altar, convierte este espacio en un lugar único para estudiar la cultura del Neolítico Medio.

El estudio de los hallazgos más relevantes hasta ahora, publicado en Plos One, refleja que “la naturaleza monumental de algunas de las estructuras funerarias de tierra y piedra es un rasgo distintivo del Neolítico Tardío y la aparición del megalitismo está generalmente vinculada a este período”, que se sitúa entre el tercer y el cuarto milenio antes de Cristo.

Sin embargo, siglos antes, el grupo de hombres que habitaba los montes gaditanos ya celebraba rituales funerarios extraordinarios, como demuestra el yacimiento investigado por el equipo de García Rivero desde hace cinco años. Determinar el sexo y la edad de la pareja no ha sido fácil por la ausencia de dientes (solo se ha hallado un canino derecho y una falange distal del pulgar) y huesos pélvicos.

La franja de edades, según los distintos modelos oscilan, aunque la evaluación del desgaste dental y otros métodos sugieren rangos de edad de 24 años para ella y 50 para él. Inicialmente se pensó que podía haber sido la causa de la muerte, pero la investigación detectó señales de regeneración del hueso, por lo que la operación, posiblemente con intenciones quirúrgicas, se realizó antes del fallecimiento.

Aunque no se puede descartar la muerte natural simultánea de ambos individuos (o el entierro secundario de uno de ellos), la muerte natural y el sacrificio ritual del otro o el sacrificio de ambos pueden ser igualmente probables”, concluye el estudio.

Estas circunstancias, según el estudio, respaldan la hipótesis de un “escenario antropológico que incluía sacrificios (humanos y animales) relacionados con actividades propiciatorias, oraciones divinas y festividades conmemorativas (ritos cosmogónicos y estacionales...)”. El escenario antropológico incluía sacrificios (humanos y animales) relacionados con actividades propiciatorias, oraciones divinas y festividades conmemorativas, como ritos cosmogónicos y estacionales

La celebración, siempre según la investigación, podría estar vinculada a un momento de la primavera, por la juventud del animal hallado, y su carácter ritual se ve avalado por la plataforma de piedra situada en un nicho natural en la pared de la cueva, que puede haber funcionado como una especie de altar, y por las características decorativas de las dos vasijas de cerámica halladas.

García Rivero explica que la presencia de cráneos en yacimientos parecidos suele deberse a depósitos de restos de enemigos, a modo de “trofeos de batallas”, o a la consideración del lugar como un emplazamiento “mágico”.

Pero en el caso de Locus 2, como se ha denominado al conjunto del yacimiento de la cueva de la Dehesilla, la hipótesis apunta hacia un lugar ritual que se mantuvo durante mucho tiempo y de especial significación.

En este sentido, el investigador aclara: “El sacrificio descubierto en Cádiz no parece ser consecuencia de un castigo, por la inversión de tiempo en el ritual, en la construcción de las estructuras de bloques de piedra y las características de los objetos hallados.

La extraordinaria preservación de restos —que han superado el paso de milenios, la acción del agua, personas y animales—, la presencia del conjunto de objetos y la edad de este yacimiento convierten en único el enclave, sobre el que se mantiene abierta la investigación.

La arqueóloga italiana Maria Giovanna Belcastro, de la Universidad de Bolonia, ha desentrañado el misterio de uno de una mujer que murió con entre 24 y 35 años de edad entre el 3.630 y el 3.380 antes de Cristo, más de mil años después que la pareja hallada en Cádiz.

En un artículo, también publicado en Plos One, desvela que el resto hallado en 2015 en un hueco situado a 12 metros de altura en la cueva Marcel Loubens, muestra signos de mutilación posterior a un ritual fúnebre.

Pero la conjunción de elementos rituales hallados en una zona ajena al Levante de la Península, donde están más documentados, así como la fecha de del yacimiento hacen de la cueva de la Dehesilla un lugar único para recomponer las páginas de la prehistoria.

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