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A principios del siglo XX, las altas temperaturas y la humedad amenazaban la reputación de los trabajos de impresión en color de la compañía Sackett-Wilhelms Lithographic and Publishing de Brooklyn (Nueva York). El abombamiento del papel y el secado incorrecto de las tintas eran los responsables de las impresiones borrosas que echaban por tierra todo el trabajo y aumentaban los costes de producción. Así que, en 1902 encargaron a la Buffalo Forge Company (Búfalo, Nueva York) la tarea de resolver aquel problema, y ésta le encargó el trabajo a Willis H. Carrier, un joven ingeniero de 25 años que ya había diseñado proyectos para instalaciones de calefacción y deshumidificación. Ese mismo año se registró la patente U.S. nº 80.897, titulada Aparato para tratar aire y asignada a Carrier y Buffalo Forge Company, un invento que permitía controlar la temperatura y la humedad, el aire acondicionado moderno.

¿Y cómo era el aire acondicionado en la Antigüedad?

Al caer el sol, los egipcios colocaban en las ventanas unas esteras de juncos o palma empapadas en agua, y sobre ellas un pequeño recipiente agujereado que goteaba agua para mantenerlas humedecidas. La brisa cálida de la noche producía la evaporación y refrescaba el interior de la casa, además de aumentar la humedad en el aire, lo cual era muy de agradecer en estos climas.

¿Y qué os parece si os digo que a fecha de hoy, en zonas rurales de Irán, todavía se sigue utilizado el mismo sistema de aire acondicionado que el de los persas en el 400 a.C.? Hablamos de los captadores de viento o torres de viento (en persa, badgir). Aunque parece ser que no lo inventaron los persas -se han encontrado restos de estructuras de este tipo más antiguas en India y Egipto-, sí que han sido los que han mantenido estos sistemas de aire acondicionado hasta nuestros días. Un ejemplo representativo esta en Yazd, una ciudad rodeada por el desierto en el corazón de Irán, con un clima muy seco y temperaturas que fluctúan considerablemente entre el día y la noche llegando a superarse los 40° en verano.

Yazd, una de las ciudades más antiguas de Irán

Además de construir los edificios de paredes muy gruesas de adobe, que proporcionan aislamiento térmico y se consigue amortiguar las variaciones de temperatura entre el día y la noche, los badgirs -las estructuras altas, similares a chimeneas, que sobresalen de los tejados (ver foto)- consiguen bajar la temperatura del interior hasta en 10º.  Aunque los hay hexagonales y octogonales, la mayoría de estos captadores de viento son de forma rectangular, con entradas en cada uno de los cuatro lados para atrapar el viento sople de donde sople. Y su mecanismo es muy sencillo: se «captura» el viento fresco en lo alto de la torre y se dirige hacia abajo a través de las ranuras estrechas y verticales, y empuja el aire caliente que hay dentro de los edificios hacia arriba y hacia afuera a través de una abertura en el lado opuesto del receptor de viento. Incluso en ausencia de una brisa, los captadores de viento funcionan como chimeneas solares, creando un gradiente de presión que empuja el aire caliente hacia arriba y hacia afuera a través de la torre, dejando el interior de la casa más fresco que el exterior.

 

Y si añadimos un qanat, podemos tener un sótano donde tomarnos un sorbete (del italiano sorbetto y este, a su vez, del árabe šarbah). Los qanats son túneles subterráneos que llevan el agua del subsuelo de las zonas montañosas a los pueblos, tanto para el consumo como para regar los campos de cultivo. La construcción del qanat comenzaba con la excavación de un pozo vertical (pozo madre) hasta un acuífero conocido. Al llegar a la fuente de agua,  comenzaba la perforación horizontal del túnel ligeramente inclinado y el agua fluía por el efecto de la gravedad sin necesidad de ser bombeada. Cada cierta distancia, se hacia un nuevo pozo desde la superficie para tener acceso al agua, garantizar la ventilación, poder retirar la tierra sobrante y realizar tareas de mantenimiento.

Qanat

Si bajo el suelo de la casa en cuestión pasa un qanat, al aire que desciende de la torre se añade el aire que entra por el pozo y que ha sido enfriado y humedecido por la corriente de agua, aumentado el poder de refrigeración.

Y no se vayan todavía, aún hay más… el Yakhchal, una nevera gigante. El procedimiento para producir hielo artificialmente, con alguna pequeña variación, fue el mismo en China, Egipto, la India y en otros pueblos de la Antigüedad. Durante las noches de invierno, se vertía agua en una especie de pozos de gran superficie pero poca profundidad —unos cincuenta centímetros— y forrados de paja. El frío de la noche, el aire seco, la gran superficie de agua expuesta a la evaporación, la escasa profundidad y la paja que evita la conducción de calor desde la tierra que está más caliente, facilita la evaporación y la formación en la superficie de finas de capas de hielo. En condiciones favorables de enfriamiento nocturno y sequedad en el ambiente, el agua se puede convertir en auténticos bloques de hielo. Ahora que ya tenemos el hielo, ¿cómo lo conservamos en un clima desértico durante el verano? Pues con el Yakhchal (literalmente, «pozo de hielo»).

Continúa aquí.

 
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