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Carl Sagan

Corría el año de 1985 cuando el Congreso de los Estados Unidos, reunido en Washington, pidió a un científico de renombre – y magnífico divulgador – que asesorara a varios senadores sobre un asunto del que comenzaba a oírse hablar: los gases de efecto invernadero y su efecto sobre el clima. Sin duda tenía muchas tablas. Algunas de las cosas que dijo aquella tarde, hace ya 36 años, debieron de impactar seriamente al selecto grupo de senadores y público que tuvo la fortuna de escucharle. ¿Inició Al Gore su carrera de activista climático tras este discurso? Habría que preguntarle al demócrata...

Sagan sabía que la lucha iba a ser larga y que el enemigo era poderosísimo. El ejemplo se vio un año después de esta charla, cuando en 1986 la industria petrolera accedió por fin – gracias a la épica campaña de Clair Patterson – a eliminar el dañino plomo de su gasolina, después de una batalla que duró varias décadas

Pero veamos algunas de las cosas que el sabio neoyorquino dijo en su charla, de poco más de 10 minutos de duración.

"Tendemos a pensar que el asunto de los gases de efecto invernadero es un problema para la gente del siglo XXI, de modo que ya se preocuparán ellos llegado el momento. Lo cierto es que si no actuamos ahora luego será demasiado tarde. Les estamos traspasando a nuestros hijos problemas extremadamente graves, cuando el momento para evitarlos – si es que en realidad pueden evitarse – es ahora".


El astrónomo y divulgador no desaprovechó la ocasión y explicó que en principio un poco de efecto invernadero es beneficioso. Tras hacer los cálculos entre la cantidad de energía solar que llega a la Tierra en cada momento, y el volumen de radiación UV que nuestro planeta rebota al espacio, la temperatura en la Tierra debería ser 30C más baja, y que si esto no sucedía era precisamente por las propiedades «absorbentes» de calor que muestran el CO2 y otros gases invernadero. No obstante lo dejó claro: «un poco es bueno, pero hay un equilibrio delicado».

Para ejemplificar este delicado balance, Sagan explicó que la diferencia climática en el pasado entre las edades glaciares y las interglaciares se debieron a pequeñas variaciones en la cantidad de luz solar que alcanzaba la superficie del planeta, las cuales se producían a su vez por pequeños cambios en la órbita terrestre. Es interesante ver que, a este respecto, el mundo científico siguió su consejo ya que a día de hoy se han producido múltiples trabajos basados en las burbujas de aire atrapadas en testigos de hielo extraídos de glaciares y de los casquetes polares, lo que ha permitido medir las cantidades de CO2 atmosférico en el pasado.

La advertencia a los políticos de Washington sobre el papel desestabilizador que nuestra especie juega a nivel planetario no deja dudas:

“El poder de los seres humanos para afectar, controlar y cambiar el medioambiente cambia a medida que nuestra tecnología mejora. En estos momentos, claramente hemos alcanzado la etapa en la que somos capaces (tanto intencionada como inadvertidamente) de alterar de forma significativa el clima y el ecosistema a nivel global. Probablemente llevamos haciéndolo – aunque a menor escala – desde hace mucho tiempo”.

En efecto, Sagan prosigue explicando que en el momento en que la agricultura comenzó a extenderse, los humanos logramos cambiar el albedo de la Tierra simplemente creando cultivos capaces de reflejar más o menos radiación solar. Estos pequeños cambios sobre el clima no fueron advertidos debido a su escala, aunque otros sí que lo fueron. El ejemplo de Egipto en tiempos del imperio romano salió a colación durante el discurso ante el congreso. “Egipto era el granero de Roma hace dos milenios, piensen en ella como en nuestros estados del medio oeste”. Hoy en día es una tierra árida a poco que te alejes del Nilo, algo que seguramente provocó el ser humano por un exceso de pastoreo

Pero no todo van a ser alabanzas. Reconozco que hay un momento en que Sagan no es lo bastante activista climático, al menos para los estándares de 2021. Sucede cuando abiertamente, y cito: «la idea de dejar de quemar combustibles fósiles tiene unas implicaciones económicas tan severas que nadie se lo plantea en serio, pero hay otras muchas cosas que se pueden hacer». Entre ellas, el sabio de la Universidad Cornell recomienda dejar de subsidiar a las petroleras e invertir en otras fuentes energéticas como la solar, la fisión nuclear «segura» y a largo plazo la fusión nuclear. ¡Si amigos ecologistas, Sagan apoyaba la energía nuclear!

Otra cosa es que la medida empiece a aplicarse más o menos temprano según el gobierno de turno se comprometa más o menos en serio.
Para concluir, me quedo con su reflexión final. El esfuerzo en la reducción de emisiones de gases invernadero debe ser global, y cita tres actores principales sin cuya participación tal cosa no será posible: Estados Unidos, la Unión Soviética y China. Hay que recordar que en el momento en que Sagan dio esta charla aún faltaban 4 años para la caída del muro de Berlín.

Podéis ver su intervención íntegra frente al congreso bajo estas líneas:

Fuente: Zmescience.com

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