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Buscando la NASA si nuestra civilización puede colapsar, se han buscado las razones de las anteriores, esto es lo que indica el artículo.

A lo largo de la historia, las grandes civilizaciones de la humanidad han caído una detrás de otra, como si este fuera un desenlace inevitable tras alcanzar el apogeo. Ya sea la Mesopotamia, o el Imperio Romano, todos han caído en un período muy breve de tiempo a pesar de haber sido grandes potencias.

El hallazgo en Israel del primer cementerio filisteo del mundo arroja luz sobre los desconocidos orígenes y costumbres de este pueblo de la antigüedad, del que sin embargo existen numerosos testimonios en textos egipcios, hebreos y asirios.

El enorme lugar de enterramiento, datado hace unos 3 mil años, fue localizado en 2013 en la ciudad costera de Ashkelón, pero sus resultados empiezan a salir ahora a la luz después de dos años de excavaciones en el lugar, un yacimiento investigado en su conjunto desde hace tres décadas.

"No se había encontrado antes un ejemplo sistemático que reflejara lo que pensaban los filisteos acerca de la muerte y cómo trataban a sus muertos. Realmente podemos anunciar que hemos localizado el primer cementerio filisteo", explicó hoy en una rueda de prensa Daniel Master, profesor del Wheaton College y responsable de la excavación desde 2007.

Porque si bien su existencia es conocida desde siempre, los filisteos no dejan de ser aún uno de los grandes enigmas de la antigüedad, hasta el punto que los estudiosos debaten desde hace décadas sobre su procedencia.

1. Una buena manera de hacer ejercicio

Es evidente que cuando se mantienen relaciones sexuales se está realizando una actividad física. El efecto que produce en el cuerpo es muy parecido al que provoca ir al gimnasio. Quemamos calorías, en concreto, poniendo un ejemplo, si se tiene relaciones 3 veces por semana durante unos quince minutos a lo largo de un año quemas, atención, 7.500 calorías anuales. Nada mal, ¿no? ¿Sabes qué hace que quemes lo mismo? Correr 120 kilómetros.

deporte

CarcelFlotante 

Las cárceles flotantes, también llamadas pontones, surgieron después de la Guerra de la Independencia, contienda que enfrentó en 1805 a los hispanofranceses con la Armada Inglesa. Se trata de un tipo de navíos en los que recluían a los prisioneros de guerra. Los que habían sido aliados en la Batalla de Trafalgar pasaron a ser enemigos de los españoles y, a medida que iban siendo vencidos, eran llevados a esas cárceles flotantes.

Los testimonios hablan de episodios de canibalismo. Los cadáveres se arrojaban al mar ante la amenaza del escorbuto, aunque se prohibió esta práctica porque los peces terminaban por devorarlos.


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