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José Tomé

Caminando sobre mi silla de ruedas, de pronto me detuve, y meditando, llegué a la conclusión... Que el que camina se cansa y el que se cansa se sienta. Yo, sin caminar me canso y estando siempre sentado, cansado siempre estaré.

Yo que caminé, hasta la tierna edad de tres años. prácticamente empecé y acabé. y esto es todo lo que he caminado por mis propios pies, el resto de mi existencia incluyendo mi niñez fue muy arrastrada, por eso, por no poder caminar y querer seguir a los otros niños en sus juegos y peripecias, normales por otra parte de esa prematura edad. (Continúa)
Después de estar ingresado en el “Hospital de San Rafael” en Madrid dos años consecutivos, y sufrir varias operaciones; todo esto a la edad de cuatro a seis años. Me adaptaron unos aparatos ortopédicos que desde la cintura hasta los pies me cubrían, para de ésta manera poder llevar mis piernas rígidas y ayudado por unas muletas, así podría ( digamos ) caminar de pié derecho.

Estos aparatos al ser construidos con materiales duros como el hierro y cuero; me producían muchas heridas en las partes que hacían contacto con mi piel, como caderas, rodillas y tobillos.

Razón por lo que dejé de usarlos cuando me quedaron pequeños, aunque mas bien el motivo primordial de no volver a utilizarlos era, que mi madre no tenía medios económicos para poderme proporcionar otros, que en aquellos tiempos costaban tres mil pesetas.

Y digo mi madre, porque por aquella fecha ya había perdido a mi padre muriendo de cáncer, cuando yo, solo tenía siete años y con la falta que me hacia.

Esta fué otra papeleta gorda que también me toco. Tuve que empezar a ser mayor sin dejar de ser niño.

!Ah! pero eso si. Mi madre hizo por los dos; porque mujeres valientes, trabajadoras y defensoras de sus hijos las hay. Mi madre era una de ellas.

El caso es que seguí creciendo y me hice adolescente, cuando cumplí catorce años, se me acabo el colegio; a esa edad empece a trabajar en una sastrería para aprender el oficio de sastre, cosa , que tampoco me salió bien, porque el sastre me dijo rotundamente que él nunca le enseñaría el oficio a nadie, solamente a sus hijos. Por lo tanto tuve que aprenderlo en una academia y por correspondencia. Como tenía que pagarme dichos estudios, pues tuve que realizar otros trabajos como: Maestro de escuela, pero sin título ni carrera, no obstante sí enseñé a bastantes chicas y chicos, pero sólo lo elemental. También vendí joyería, electrodomésticos y además, me compré un acordeón y empecé a tocar en el baile con otros músicos y bueno, aun cuando no sabía música iba tirando para adelante y además también hacía de vocalista, en fin que entre unas cosas y otras yo seguía salvando la situación.

Ya cumplidos los veintisiete años me case con ( María ) una mujer ejemplar, extraordinaria y además enamorada. Quien me lo iba a decir, que en esta faceta tendría tanta suerte; porque además tuvimos dos hijos, el primero no llegó a realizarse (aborto natural); pero el segundo si llegó al final y somos muy felices y muy afortunados ya que es un hijo extraordinario y fabuloso, es único en todos los aspectos, es... nuestro “Chema”.

Nuestro hijo nació en Madrid; pues antes de nacer nos tuvimos que marchar buscando una nueva forma de sobrevivir, ya que aquí en el pueblo una vez casados lo intentamos poniendo la sastrería y una tienda de comestibles, pero fue inutil; pues la gente del pueblo, nuestra gente, nos dio de lado es decir, intentaron hundirnos y casi lo consiguen pero no, no fue así.

Nos marchamos luchamos como dos verdaderos guerreros las pasamos peor que el que se tragó las estrévedes; pero salimos también de aquella.

No nos hemos hecho ricos por supuesto; pero hemos sido capaces de lograr nuestra jubilación y nuestro hijo ha conseguido un buen trabajo y es muy feliz al mismo tiempo que nos hace a nosotros; pese a no haber encontrado todavía su pareja con la que nos hicieran abuelos que sería nuestra ilusión final.

Por eso hoy, después de haber pasado todo lo que he referido, (aúnque aquí solamente se refleja una pequeña semblanza ) no voy a tolerar pues, a nadie que a estas alturas venga a querer humillarme, recordándome el sobrenombre de ( José Muletas) porque si no lo han conseguido antes, ¿Cómo lo van a conseguir ahora? sugiero a toda la persona que por azar de la vida, tenga alguna discapacidad; no consienta que nadie que se cachondee de ellos, no solo con hechos, sino tampoco con palabras soeces y necias.

Arriba el ánimo y el coraje y a defenderse como “gato panza arriba”. Que no por ser discapacitado, tengamos que soportar ningún sobrenombre haciéndo alusión a... porque dios dijo: “el que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra” y don quijote le dijo a sancho panza: cuando las barbas de tu vecino las veas rapar, pon las tuyas a remojar.

(de Miguel de Cervantes)

¿Comprendéis?

Sin acritud, un abrazo:

José Tomé.
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